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viernes, 30 de agosto de 2013

Por Licda. Ángela Peña*

Ángela Peña.
Santo Domingo Oeste.- Hola mi gente, aquí les  traigo un análisis acerca  de  la  lealtad. Espero que lo disfruten.

La lealtad es una fidelidad o devoción de un sujeto o ciudadano con un Estado, gobernante, comunidad, persona, causa o a sí mismo.

No existe acuerdo entre los filósofos sobre a qué cosas o ideas es que se puede ser leal. Algunos sostienen que se puede ser leal a un espectro muy amplio de cosas, mientras que otros argumentan que solo se puede ser leal a otra persona, y que ello es una relación estrictamente interpersonal.

La lealtad es un valor que, básicamente, consiste en nunca darle la espalda a determinada persona, grupo social y que están unidos por lazos de amistad o por alguna relación social; es decir, el cumplimiento de honor y gratitud, la lealtad está más apegada a la relación en grupo.

Lealtad significa fidelidad, franqueza, nobleza, honradez, sinceridad y rectitud. Solo se es leal si se es fiel. Es imposible pensar en lealtad sin que vaya unida a la fidelidad.

Pero no basta ser fiel para ser leal. Es necesario, además, ser franco y sincero con el sujeto de nuestra lealtad. Luego, solo es leal quien, además de ser fiel, es franco y sincero. Servir con lealtad significa también servir con franqueza, sinceridad y honradez. Es servir con la verdad por delante. No se es leal si se engaña, si no se dice la verdad o se dicen solo medias verdades o se dice lo que al líder agrada, lo que este desea oír, si se le esconden situaciones y hechos independientemente de las motivaciones que se tenga.

Quien al amigo, al jefe o al líder, no le informa los hechos reales, la verdad de las situaciones existentes y presenta la realidad como exitosa cuando no lo es, incurre en una deslealtad de marca mayor, muy peligrosa para la salud política de ese líder y del proceso o empresa que este conduzca.

De manera que la lealtad no puede ser confundida con sumisión ni adoración del líder; tampoco con la adulación. Se puede amar, profundamente, al líder y ello no significa en ninguna forma ocultarle situaciones incómodas y desagradables.

El hombre leal es recto, digno e incorruptible. En un proceso revolucionario no defiende posiciones ni ocupa cargos por intereses personales; su compromiso y lealtad son con el proceso mismo, con el pueblo desasistido y su liberación, con el liderazgo honesto, fiel y, realmente, comprometido. Es franco y llano en sus apreciaciones y dice lo que piensa sin importarle si es incomprendido o es tomado por irrespetuoso.

Concluyo diciendo  que  la persona  desleal, aparte  de  traicionar, muere  solo e infeliz


*Licda. Ángela Peña, psicóloga clínica.

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